Movilidades invisibles: trabajadores domésticos
La inclusión en la movilidad urbana depende de quién es visto y quién permanece invisible durante los procesos de planificación. Cuando algunas experiencias cotidianas faltan en el diagnóstico, la consulta y la toma de decisiones, también corren el riesgo de quedar fuera de las prioridades, las medidas y las inversiones que vienen después. La participación importa por esa razón. Es una de las maneras en que la planificación puede reflejar mejor la diversidad de la vida urbana y responder de forma más justa a diferentes necesidades y limitaciones. En ese sentido, la inclusión no es solo una cuestión técnica. También está conectada con valores públicos más amplios como la dignidad, la igualdad, la transparencia, la accesibilidad y una participación significativa en la toma de decisiones.
Esto es especialmente importante para los grupos cuyos patrones de movilidad no siempre quedan bien recogidos por los enfoques convencionales de planificación. La Guía temática - Integración de la perspectiva de género en los Planes de Movilidad Urbana Sostenible deja esto claro al mostrar que el género debe tenerse en cuenta a lo largo de todo el proceso de planificación, desde la recopilación de datos y la participación de las partes interesadas hasta la implementación y el seguimiento. También subraya que la inclusión no debe tratarse como un añadido, sino integrarse en cada capa del proceso de planificación, y que la evidencia debe combinar datos cuantitativos y cualitativos para fundamentar intervenciones concretas.
La guía se basa en una revisión de los SUMPs apoyados en distintas ciudades del Sur Global y reúne ejemplos de cómo esto puede hacerse en la práctica. En Medan, por ejemplo, el diagnóstico abordó de forma explícita las diferencias de género en los patrones de movilidad, el acceso al transporte y las preocupaciones de seguridad, utilizando datos desagregados por género junto con encuestas, entrevistas y grupos focales. En Kumasi, los términos de referencia exigían una perspectiva de género sobre la movilidad urbana e incluían talleres con partes interesadas y grupos focales, con mujeres incluidas a lo largo de todo el proceso. Estos ejemplos muestran que la participación no consiste solo en una consulta amplia, sino también en crear las condiciones para que las experiencias pasadas por alto entren en el proceso de planificación de una manera más estructurada.
Visto desde esta perspectiva, la guía también abre una cuestión más amplia. Una vez que la planificación empieza a prestar más atención a quién es escuchado, qué datos se recopilan y qué formas de movilidad cotidiana son reconocidas, resulta más fácil ver cómo otras experiencias también pueden seguir siendo insuficientemente visibles. Esto es especialmente relevante cuando ciertas formas de trabajo configuran la movilidad y los cuidados de los que dependen las ciudades, pero que la planificación no siempre tiene suficientemente en cuenta de manera clara. La discusión que sigue, sobre los trabajadores domésticos, apunta directamente a esta cuestión. Muestra cómo los trayectos largos, fragmentados y costosos, a menudo realizados en horas valle y en condiciones inseguras, pueden afectar no solo al acceso al empleo, sino también a la vida social, al bienestar y al derecho más amplio a la ciudad.
Movilidades invisibles: trabajadores domésticos
Los trabajadores domésticos desempeñan un papel crucial en el funcionamiento de las ciudades. Su trabajo permite a los hogares de las áreas metropolitanas participar en el empleo remunerado, la educación y la vida social y, sin embargo, su movilidad a través de la ciudad suele seguir siendo invisible. Para muchos trabajadores domésticos, los largos desplazamientos de suburbio a suburbio, los altos costes del transporte y los servicios limitados en horas valle afectan no solo a su seguridad y determinan su horario y su acceso al empleo, sino también a su capacidad para mantener conexiones sociales y su bienestar.
Los trabajadores domésticos registran con frecuencia algunos de los tiempos de viaje diarios más largos entre los grupos ocupacionales. En Bogotá, por ejemplo, su tiempo medio de viaje diario alcanza los 155 minutos, alrededor de un 22 % más que la media de la ciudad, lo que se traduce en aproximadamente 30 minutos extra de viaje cada día laborable.
Los desplazamientos de suburbio a suburbio son largos y fragmentados
Los desplazamientos suelen estar compuestos por varios tramos, con varios transbordos y largas distancias a pie, y muchos trabajadores dedican entre 2 y 3 horas por trayecto. En muchas ciudades, los trabajadores domésticos viven en townships alejados o en suburbios periféricos, a veces a 60–100 km de sus lugares de trabajo, lo que requiere múltiples modos de transporte y salidas muy tempranas. Los trabajadores también informan de largos tiempos de espera, a veces de 40 minutos o más, o de largas distancias a pie entre paradas cuando viajan en horas valle o cuando las conexiones periféricas no son fiables. Estos patrones generan una presión de tiempo que afecta tanto a los horarios laborales como al tiempo personal de los trabajadores.
Los patrones de desarrollo urbano contribuyen a estos desafíos. A medida que los hogares con mayores ingresos se trasladan a suburbios cerrados o orientados al automóvil, aumentan las distancias de desplazamiento entre los hogares de los trabajadores y los de sus empleadores.
Seguridad y desplazamientos en horas valle
Además de las largas distancias, los trabajadores domésticos suelen desplazarse temprano por la mañana o tarde por la noche, cuando los servicios de transporte son escasos y aumentan los riesgos para la seguridad. Muchos trabajadores afirman sentirse inseguros en rutas peatonales mal iluminadas, en servicios abarrotados o poco fiables, y durante las horas valle. Estas preocupaciones suelen influir en la elección del modo de transporte, el momento del viaje y la disposición a utilizar determinadas rutas.
Los costes del transporte representan una parte sustancial del presupuesto de los trabajadores
La escasez de transporte público en zonas residenciales acomodadas o en laderas suele obligar a los trabajadores a recorrer largas distancias cuesta arriba a pie o a recurrir a taxis costosos para cubrir la “última milla”, lo que incrementa no solo el tiempo sino también los gastos. Las largas distancias, los varios transbordos y la dependencia del paratránsito o de servicios informales hacen que los costes del transporte puedan consumir una parte significativa de los salarios de los trabajadores domésticos migrantes y suponer una carga económica para ellos. En algunos contextos, los costes mensuales de desplazamiento equivalen a un día y medio de salario.
Trabajadores internos y externos
Los trabajadores domésticos externos soportan diariamente las cargas de tiempo y económicas derivadas de los desplazamientos, pero los trabajadores internos también afrontan limitaciones de movilidad. En sus días libres, la escasez de servicios durante los fines de semana o por la noche y el coste de un viaje de ida y vuelta pueden limitar la posibilidad de que los trabajadores domésticos se desplacen por la ciudad para visitar a amigos o familiares, realizar gestiones personales o participar en la vida comunitaria, cuestiones especialmente importantes cuando viven en el hogar de su empleador. Al reducir las oportunidades de vida social y participación comunitaria, el tiempo de viaje y los costes aumentan la presión psicológica tanto para los trabajadores internos como para los externos, que deben elegir entre el descanso, el contacto social y el coste del desplazamiento.
Patrones de movilidad marcados por el género
Con independencia de que el trabajo doméstico sea remunerado o se realice sin remuneración dentro del propio hogar, las tareas domésticas configuran fuertemente los patrones de movilidad. Las mujeres, que siguen asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, tanto remunerado como no remunerado, suelen tener por tanto desplazamientos más complejos que los trabajadores sin esas responsabilidades: muchas combinan el trayecto al trabajo con llevar a los niños a la escuela, visitas médicas, compras de alimentos u otras responsabilidades domésticas. En ambos casos, el trabajo doméstico contribuye a patrones de desplazamiento marcados por el género que implican más tramos, más transbordos, costes más altos y una mayor presión de tiempo que los desplazamientos de muchos otros trabajadores.
Bibliografía
Si te interesa saber más, estos dos artículos ofrecen una perspectiva complementaria sobre las experiencias de movilidad de las trabajadoras domésticas, a menudo ignoradas.
Duri, B. (2025). Invisible Journeys: Understanding the Transport Mobility Challenges of Urban Domestic Workers. Social Sciences, 14(4), 224.